jueves, 6 de noviembre de 2008

SARAMAGO: CRISIS DE LA DEMOCRACIA EN “UN ENSAYO SOBRE LA LUCIDEZ”

"Nacemos y en ese momento es como si firmáramos un pacto para toda la vida, pero puede llegar el día en que nos preguntemos: ¿quién ha firmado esto por mí?”
José Saramago, Ensayo sobre la lucidez

Por Mario Eloy Sulca

¿Y que sucedería si un día nos atrevemos en masa a votar en blanco? ¿Y qué, si el pueblo, aburrido de la democracia, decida no renovar el aparato estatal?
Ensayo sobre la Lucidez es la obra literaria más politizada del portugués José Saramago. El personaje central: un país, una nación, las masas. Es la nación donde unos años antes advino la pandemia de la ceguera blanca, descrita en sus expresiones más sórdidas y sublimes, en Un ensayo sobre la ceguera.
Las masas acaban de ejercer su derecho al voto universal. Empero, un fenómeno político de efectos siderales, al inicio in imaginado, se empieza a manifestar: las masas en rotunda mayoría votaron en blanco. La ‘desgracia’ blanca, con nueva forma, ha vuelto azotar la nación, mejor dicho al sistema político. El gobierno ejecuta un nuevo proceso electoral. Las masas ratifican con creces su voluntad política: no quieren al Estado.
¿Quién está impulsando la nueva ceguera blanca, esta forma sui generis de ‘terrorismo’? La izquierda sin entender su dimensión ha definido apoyarla, la derecha y el Estado han empezado la búsqueda de chivos expiatorios. La ‘esposa del médico’, aquella que fue la única en conservar la visión en Un ensayo sobre la ceguera, podría ser la clave del origen de la insurrección blanca. Por tercera vez consecutiva el voto blanco acaba de triunfar. El sistema jurídico no ha previsto este extremo. El Estado ha sido atacado en su más fundamental cimiento: el voto, la legitimación de su existencia.
Entre la resignación y un espíritu punitivo, el Estado decide retirarse del foco rebelde, la capital ¿Qué podrán hacer las masas sin un Estado, sin un orden? La anarquía impondría la necesidad de suplicar su regreso. Para sorpresa, las masas prepararon su nocturna y peculiar despedida: en completa penumbra y silencio, de manera sincronizada, fueron encendiendo las luces de sus hogares al compás del motorizado retiro estatal. ¡Impresionante espectáculo!
La ciudad acaba de ser cercada por militares. Para que el caos impere solo es cuestión de horas… de días… o semanas…¡sorpresa!, la ciudad se mantiene, vive en la absoluta calma. La extensión social de esta experiencia puede constituirse en el cáncer de la existencia estatal.
La Unidad de Inteligencia Estatal infiltra espías a las masas insurrectas. Un Agente cuya psiquis fluctúa entre el valor humano y las miserias del poder dirigirá la operación. El objeto: ubicar a los dirigentes rebeldes, eliminarlos. El Agente, tras ubicarla, sostiene varias entrevistas con la ‘esposa del médico', en la última, esa serena y valiente mujer sentencia (develando así la esencia y justificación moral de la rebelión blanca) la más profunda y expresiva frase de esta historia: “nacemos y en ese momento es como si firmáramos un pacto para toda la vida, pero puede llegar el día en que nos preguntemos: ¡quién ha firmado esto por mí?”. ¡El día había llegado!
El agente asimila tal lógica, comprende la espontánea reacción de las masas, la termina por asumir. Tras el dilema del tener que cumplir su función militar y lo éticamente correcto, define la segunda opción. Se cambia de camiseta. En el lado estatal el Primer Ministro ha impuesto, sobre el Ministro del Interior, sus criterios y lineamientos militares. Dice “el fin justifica los medios cuando los fines se concretan, la necesidad se hace ley, cuando la ley se cumpla”.
Al final de la obra el Agente y la ‘esposa del médico’ son asesinados por el Gobierno. Un perro aúlla inconsolablemente la desgracia, también lo matan. A lo lejos, casi imperceptiblemente, unos hombres escuchan la intempestiva interrupción del aullido, uno de ellos dice: "menos mal, detesto oír a los perros aullando".
El aullido del animal es la voz de reclamo ante la injusticia, unos dirían "aullemos dijo el perro" (exordio de la obra), algunos prefieren obviarla, sin embargo, otros, detestan sentirla, oírla, verla. Es el pesimismo, la indiferencia, el egoísmo que, en parte, caracteriza al hombre de esta época.

FRITZ LANG, METROPOLIS Y EL PAPEL DE LAS MASAS
Por Mario Eloy Sulca.

El largometraje ‘Metrópolis’ de Fritz Lang, parte del cine mudo alemán, me fue recomendada por un historiador como expresión artística de las luchas futuristas de las masas contra la opresión del capital. Es artística, claro, pero el aspecto principal es su definido mensaje político: la estratificación social, el nivel político de los actores de la lucha de clases, la solución a ésta. Desde su difusión, allá en Alemania 1927, se acusó su abierta tendencia fascista.
La película proyecta el carácter de la lucha de clases hacia el año 2026. El planeta está estructurado socio-territorialmente: en la superficie, se halla Metrópolis, el cual alberga, con una edificación de arquitectura simple superada hoy por los rascacielos neoyorquinos, a la futura burguesía; por debajo de ella, el mundo de las máquinas, operadas incesantemente, como apéndices, por la clase trabajadora; bajo el nivel subterráneo de las máquinas, hallamos a la lóbrega y famélica ciudad de los trabajadores y sus familias, sus mujeres e hijos.
La anterior escenificación social motiva meditar la siguiente idea: desde 1927 ha transcurrido casi un siglo, en lo social el siglo XX constituyó la centuria de las revoluciones proletarias, ergo, de importantes avances sociales, por más que las masas hoy hayan perdido el poder, modernamente y en virtud a esas luchas, es imposible configurar tal forma de estratificación socio-territorial, ésta, en realidad, opera en otros términos. En la actualidad los países del hemisferio sur constituyen las naciones oprimidas; los del hemisferio norte, las potencias imperialistas; en el centro algunos países (India, China, Japón y los tigres asiáticos), donde el capital financiero del imperio ha trasladado sus emporios productivos, las industrias.
Las masas explotadas de Fritz Lang son pasivas, sumisas al trabajar e, incluso, manipulables en el carácter de sus luchas. Observamos en la película a María (pacifista religiosa) nublando la conciencia de las masas, conteniendo su explosividad, predicando la venida de un “mediador”, de uno que, representando a las masas, acuda pacíficamente a Metrópolis y resuelva su miseria. Freds, hijo del administrador de Metrópolis, se enamora de ella. Rowland, inescrupuloso científico, diseña un robot que toma la apariencia de María, con el objeto de vengarse del Administrador debido al oprobio de un añejo amor. Lo programa para que organice y oriente la irracional violencia de las masas. El robot las persuade aplicar la siguiente guía: “destruir todas las máquinas” (sabotaje). Ello paraliza Metrópolis, inundando, antes, la misma ciudad de los trabajadores. Es aquí donde un dirigente obrero grita: ¡Al destruir a las máquinas nos destruímos a nosotros mismos! Las masas suben eufóricas a la ciudad y encaran al Administrador, entonces, María se interpone al inminente enfrentamiento lanzando aquella frase que caracteriza toda la película: “entre el cerebro y el trabajo, gran mediador es el corazón”, es cuando recién reconocemos al “mediador, Freds. El Administrador y el dirigente de los trabajadores son persuadidos por el mensaje de Freds se toman la mano en señal de alianza y paz, dando fin, así, al film.
Igual que en el ‘Acorazado Potenkim’ del ruso Sergei Eisenstein, en Metrópolis las masas, como colectivo, constituyen un personaje. En Eisenstein el papel es activo, con plataforma de lucha propia y en función a sus intereses de clase, son revolucionarias. En Fritz Lang las masas también luchan pero manipulados por la envidia de un desvariado científico y el afán del Administrador de disolver su incipiente organización gremio-religiosa. Empero, los efectos de la violencia de las masas, sin intención de revolucionar el sistema, terminan afectando su funcionamiento, lo cual, obliga a la Metrópolis a resolver el desastre. Para Fritz el ‘corazón’ (la compasión, el amor) soluciona la lucha de clases, años más tarde se retractará. Es pertinente señalar que, en lo ideológico, el fascismo pregona la conciliación de clases, el corporativismo. Más aún, la película se produjo en Alemania en un contexto en que el Partido Nacional Socialista (el partido fascista de Hitler) ya había tomado cuerpo en el espectro político europeo.
Además, ello de que ‘¡Al destruir a las máquinas (capital) nos destruímos a nosotros mismos!’ apunta a afirmar que el trabajador no puede vivir sin el capital, es decir, sin el capitalismo. Mencionar aquí que desde mediados del siglo XIX quedó sentado por Marx la naturaleza del capital: no es objeto (máquinas) sino relación social. Los objetos quedan y se desarrollan pero la relación social se revoluciona. El mensaje de Fritz, en este punto, además de tosco, es simplista.
Meditar en la extracción social del ‘mediador’ Freds, aquel que resuelve la lucha de clases. Proviene de Metrópolis y no de los propios trabajadores. Por compasión, amor, se apena de la situación social de las masas sin renunciar a los intereses económicos y políticos de Metrópolis. Afirmando la religión y la paz de María, pugnará por la conciliación, lográndolo. Representa la religión como llave de la paz, de la conciliación de clases, del corporativismo.
En resumen: En lo político, la tendencia es fascista, por mensaje y por contexto. La solución a la lucha de clases es la conciliación, el medio la religión. Las masas son apolíticas, manipulables. La existencia de las masas depende de la conservación del capital, es decir, del capitalismo. Es 1927, ya había operado la revolución rusa y mexicana, Europa convulsionaba socialmente, éste es el contexto, defender la imparcialidad política de Fritz es, por decir lo menos, infantil. Sin embargo, la esencia, no la forma, del como Fritz representa la estratificación socio-territorial es casi profética. En lo artístico: la música monótona (problema del cine mudo), la parca escenificación se comprende por el poco desarrollo del cine, magistral la actuación de Rowland y de las masas. A pesar de las críticas, recomendable.

sábado, 1 de noviembre de 2008