
FRITZ LANG, METROPOLIS Y EL PAPEL DE LAS MASAS
Por Mario Eloy Sulca.
El largometraje ‘Metrópolis’ de Fritz Lang, parte del cine mudo alemán, me fue recomendada por un historiador como expresión artística de las luchas futuristas de las masas contra la opresión del capital. Es artística, claro, pero el aspecto principal es su definido mensaje político: la estratificación social, el nivel político de los actores de la lucha de clases, la solución a ésta. Desde su difusión, allá en Alemania 1927, se acusó su abierta tendencia fascista.
La película proyecta el carácter de la lucha de clases hacia el año 2026. El planeta está estructurado socio-territorialmente: en la superficie, se halla Metrópolis, el cual alberga, con una edificación de arquitectura simple superada hoy por los rascacielos neoyorquinos, a la futura burguesía; por debajo de ella, el mundo de las máquinas, operadas incesantemente, como apéndices, por la clase trabajadora; bajo el nivel subterráneo de las máquinas, hallamos a la lóbrega y famélica ciudad de los trabajadores y sus familias, sus mujeres e hijos.
La anterior escenificación social motiva meditar la siguiente idea: desde 1927 ha transcurrido casi un siglo, en lo social el siglo XX constituyó la centuria de las revoluciones proletarias, ergo, de importantes avances sociales, por más que las masas hoy hayan perdido el poder, modernamente y en virtud a esas luchas, es imposible configurar tal forma de estratificación socio-territorial, ésta, en realidad, opera en otros términos. En la actualidad los países del hemisferio sur constituyen las naciones oprimidas; los del hemisferio norte, las potencias imperialistas; en el centro algunos países (India, China, Japón y los tigres asiáticos), donde el capital financiero del imperio ha trasladado sus emporios productivos, las industrias.
Las masas explotadas de Fritz Lang son pasivas, sumisas al trabajar e, incluso, manipulables en el carácter de sus luchas. Observamos en la película a María (pacifista religiosa) nublando la conciencia de las masas, conteniendo su explosividad, predicando la venida de un “mediador”, de uno que, representando a las masas, acuda pacíficamente a Metrópolis y resuelva su miseria. Freds, hijo del administrador de Metrópolis, se enamora de ella. Rowland, inescrupuloso científico, diseña un robot que toma la apariencia de María, con el objeto de vengarse del Administrador debido al oprobio de un añejo amor. Lo programa para que organice y oriente la irracional violencia de las masas. El robot las persuade aplicar la siguiente guía: “destruir todas las máquinas” (sabotaje). Ello paraliza Metrópolis, inundando, antes, la misma ciudad de los trabajadores. Es aquí donde un dirigente obrero grita: ¡Al destruir a las máquinas nos destruímos a nosotros mismos! Las masas suben eufóricas a la ciudad y encaran al Administrador, entonces, María se interpone al inminente enfrentamiento lanzando aquella frase que caracteriza toda la película: “entre el cerebro y el trabajo, gran mediador es el corazón”, es cuando recién reconocemos al “mediador, Freds. El Administrador y el dirigente de los trabajadores son persuadidos por el mensaje de Freds se toman la mano en señal de alianza y paz, dando fin, así, al film.
Igual que en el ‘Acorazado Potenkim’ del ruso Sergei Eisenstein, en Metrópolis las masas, como colectivo, constituyen un personaje. En Eisenstein el papel es activo, con plataforma de lucha propia y en función a sus intereses de clase, son revolucionarias. En Fritz Lang las masas también luchan pero manipulados por la envidia de un desvariado científico y el afán del Administrador de disolver su incipiente organización gremio-religiosa. Empero, los efectos de la violencia de las masas, sin intención de revolucionar el sistema, terminan afectando su funcionamiento, lo cual, obliga a la Metrópolis a resolver el desastre. Para Fritz el ‘corazón’ (la compasión, el amor) soluciona la lucha de clases, años más tarde se retractará. Es pertinente señalar que, en lo ideológico, el fascismo pregona la conciliación de clases, el corporativismo. Más aún, la película se produjo en Alemania en un contexto en que el Partido Nacional Socialista (el partido fascista de Hitler) ya había tomado cuerpo en el espectro político europeo.
Además, ello de que ‘¡Al destruir a las máquinas (capital) nos destruímos a nosotros mismos!’ apunta a afirmar que el trabajador no puede vivir sin el capital, es decir, sin el capitalismo. Mencionar aquí que desde mediados del siglo XIX quedó sentado por Marx la naturaleza del capital: no es objeto (máquinas) sino relación social. Los objetos quedan y se desarrollan pero la relación social se revoluciona. El mensaje de Fritz, en este punto, además de tosco, es simplista.
Meditar en la extracción social del ‘mediador’ Freds, aquel que resuelve la lucha de clases. Proviene de Metrópolis y no de los propios trabajadores. Por compasión, amor, se apena de la situación social de las masas sin renunciar a los intereses económicos y políticos de Metrópolis. Afirmando la religión y la paz de María, pugnará por la conciliación, lográndolo. Representa la religión como llave de la paz, de la conciliación de clases, del corporativismo.
En resumen: En lo político, la tendencia es fascista, por mensaje y por contexto. La solución a la lucha de clases es la conciliación, el medio la religión. Las masas son apolíticas, manipulables. La existencia de las masas depende de la conservación del capital, es decir, del capitalismo. Es 1927, ya había operado la revolución rusa y mexicana, Europa convulsionaba socialmente, éste es el contexto, defender la imparcialidad política de Fritz es, por decir lo menos, infantil. Sin embargo, la esencia, no la forma, del como Fritz representa la estratificación socio-territorial es casi profética. En lo artístico: la música monótona (problema del cine mudo), la parca escenificación se comprende por el poco desarrollo del cine, magistral la actuación de Rowland y de las masas. A pesar de las críticas, recomendable.
La película proyecta el carácter de la lucha de clases hacia el año 2026. El planeta está estructurado socio-territorialmente: en la superficie, se halla Metrópolis, el cual alberga, con una edificación de arquitectura simple superada hoy por los rascacielos neoyorquinos, a la futura burguesía; por debajo de ella, el mundo de las máquinas, operadas incesantemente, como apéndices, por la clase trabajadora; bajo el nivel subterráneo de las máquinas, hallamos a la lóbrega y famélica ciudad de los trabajadores y sus familias, sus mujeres e hijos.
La anterior escenificación social motiva meditar la siguiente idea: desde 1927 ha transcurrido casi un siglo, en lo social el siglo XX constituyó la centuria de las revoluciones proletarias, ergo, de importantes avances sociales, por más que las masas hoy hayan perdido el poder, modernamente y en virtud a esas luchas, es imposible configurar tal forma de estratificación socio-territorial, ésta, en realidad, opera en otros términos. En la actualidad los países del hemisferio sur constituyen las naciones oprimidas; los del hemisferio norte, las potencias imperialistas; en el centro algunos países (India, China, Japón y los tigres asiáticos), donde el capital financiero del imperio ha trasladado sus emporios productivos, las industrias.
Las masas explotadas de Fritz Lang son pasivas, sumisas al trabajar e, incluso, manipulables en el carácter de sus luchas. Observamos en la película a María (pacifista religiosa) nublando la conciencia de las masas, conteniendo su explosividad, predicando la venida de un “mediador”, de uno que, representando a las masas, acuda pacíficamente a Metrópolis y resuelva su miseria. Freds, hijo del administrador de Metrópolis, se enamora de ella. Rowland, inescrupuloso científico, diseña un robot que toma la apariencia de María, con el objeto de vengarse del Administrador debido al oprobio de un añejo amor. Lo programa para que organice y oriente la irracional violencia de las masas. El robot las persuade aplicar la siguiente guía: “destruir todas las máquinas” (sabotaje). Ello paraliza Metrópolis, inundando, antes, la misma ciudad de los trabajadores. Es aquí donde un dirigente obrero grita: ¡Al destruir a las máquinas nos destruímos a nosotros mismos! Las masas suben eufóricas a la ciudad y encaran al Administrador, entonces, María se interpone al inminente enfrentamiento lanzando aquella frase que caracteriza toda la película: “entre el cerebro y el trabajo, gran mediador es el corazón”, es cuando recién reconocemos al “mediador, Freds. El Administrador y el dirigente de los trabajadores son persuadidos por el mensaje de Freds se toman la mano en señal de alianza y paz, dando fin, así, al film.
Igual que en el ‘Acorazado Potenkim’ del ruso Sergei Eisenstein, en Metrópolis las masas, como colectivo, constituyen un personaje. En Eisenstein el papel es activo, con plataforma de lucha propia y en función a sus intereses de clase, son revolucionarias. En Fritz Lang las masas también luchan pero manipulados por la envidia de un desvariado científico y el afán del Administrador de disolver su incipiente organización gremio-religiosa. Empero, los efectos de la violencia de las masas, sin intención de revolucionar el sistema, terminan afectando su funcionamiento, lo cual, obliga a la Metrópolis a resolver el desastre. Para Fritz el ‘corazón’ (la compasión, el amor) soluciona la lucha de clases, años más tarde se retractará. Es pertinente señalar que, en lo ideológico, el fascismo pregona la conciliación de clases, el corporativismo. Más aún, la película se produjo en Alemania en un contexto en que el Partido Nacional Socialista (el partido fascista de Hitler) ya había tomado cuerpo en el espectro político europeo.
Además, ello de que ‘¡Al destruir a las máquinas (capital) nos destruímos a nosotros mismos!’ apunta a afirmar que el trabajador no puede vivir sin el capital, es decir, sin el capitalismo. Mencionar aquí que desde mediados del siglo XIX quedó sentado por Marx la naturaleza del capital: no es objeto (máquinas) sino relación social. Los objetos quedan y se desarrollan pero la relación social se revoluciona. El mensaje de Fritz, en este punto, además de tosco, es simplista.
Meditar en la extracción social del ‘mediador’ Freds, aquel que resuelve la lucha de clases. Proviene de Metrópolis y no de los propios trabajadores. Por compasión, amor, se apena de la situación social de las masas sin renunciar a los intereses económicos y políticos de Metrópolis. Afirmando la religión y la paz de María, pugnará por la conciliación, lográndolo. Representa la religión como llave de la paz, de la conciliación de clases, del corporativismo.
En resumen: En lo político, la tendencia es fascista, por mensaje y por contexto. La solución a la lucha de clases es la conciliación, el medio la religión. Las masas son apolíticas, manipulables. La existencia de las masas depende de la conservación del capital, es decir, del capitalismo. Es 1927, ya había operado la revolución rusa y mexicana, Europa convulsionaba socialmente, éste es el contexto, defender la imparcialidad política de Fritz es, por decir lo menos, infantil. Sin embargo, la esencia, no la forma, del como Fritz representa la estratificación socio-territorial es casi profética. En lo artístico: la música monótona (problema del cine mudo), la parca escenificación se comprende por el poco desarrollo del cine, magistral la actuación de Rowland y de las masas. A pesar de las críticas, recomendable.

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